EL PAN NO ES ENEMIGO DE UNA DIETA SALUDABLE

Al contrario de lo que tradicionalmente se piensa, el pan equilibra la dieta y ayuda a mantener un peso saludable. Eso sí: tiene que ser de buena calidad.

 

La dieta mediterránea no sería lo que es hoy si prescindiéramos del pan. Durante siglos el trigo ha sido, junto a la vid y el olivo, una de las bases de nuestra alimentación y en nuestro país se ha consumido sobre todo en forma de pan.

 

 

Sin embargo, cuando se pregunta cuáles son los alimentos que hacen tan saludable la dieta mediterránea, el reconocimiento se lo llevan el aceite de oliva y acaso el vino tinto. Pocos se acuerdan del alimento sin el cual nuestros abuelos no concebían una comida. Al pan le está costando sacudirse la inmerecida mala fama que durante las últimas décadas ha tenido como alimento prohibido en las dietas de adelgazamiento.

 

No hay más que pasearse por las panaderías y observar su rica oferta –panes cocidos al horno de leña, de espelta, de centeno, con semillas…– para darse cuenta de que cada vez más personas vuelven a apreciarlo y a querer disfrutarlo.

 

 

De hecho, «el aumento de la obesidad en España es paralelo al descenso en el consumo de pan», explicó Lluís Serra-Majem, catedrático de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas y presidente de la Fundación Dieta Mediterránea, en la presentación de un estudio que desmiente la relación entre consumo de pan y obesidad.

 

 

EL PAN: UN ALIMENTO COMPLETO

El pan aporta abundantes hidratos de carbono, la principal fuente de energía del organismo, así como una buena cantidad de proteínas de origen vegetal (8%). Además procura fibra –sobre todo el pan integral–, minerales como fósforo, magnesio, hierro, selenio o cinc, y casi todas las vitaminas del grupo B, en especial B1, B3 y ácido fólico. Su aporte calórico, sin embargo, es moderado: unas 240 calorías por 100 gramos.

 

 

EL PAN ES UNA FUENTE DE ENERGÍA SALUDABLE

Estas calorías no son tantas si se piensa que los expertos recomiendan que entre el 50 y el 60% de las calorías de la dieta procedan de hidratos de carbono. Según la OMS un occidental debería comer unos 90 kg de pan al año, lo que supone unos 250 gramos al día. En una dieta de unas 2.000 calorías, esos 250 gramos de pan (¡una barra de cuarto!) solo cubrirían el 30% de las necesidades energéticas. Además se trata de calorías muy bien aprovechadas, pues se acompañan de abundantes nutrientes.