Por qué la secuela de ‘Los Increíbles’ ha llegado demasiado tarde

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Los Increíbles 2 se ve con mucho agrado, pero hay circunstancias por las que merecía la pena que Brad Bird y Pixar la hubiesen realizado antes.

Por qué la secuela de ‘Los Increíbles’ ha llegado demasiado tarde

El éxito de Pixar como estudio de cine animado no es algo discutible en absoluto, sino un hecho desde sus guiones elaboradísimos, su técnica virtuosa y la habilidad audiovisual de sus cineastas hasta, por supuesto, los 13.000 millones de dólares que sus veinte películas han recaudado en el todo el mundo. Nos han hecho pasar en grande durante estos veintitrés años, que se dice pronto, y nada indica que no vayan a seguir haciéndolo muchos más. Sin embargo, esta feliz circunstancia no quiere decir que sus decisiones hayan sido siempre lo más acertadas posible, ya no sólo en cuanto a la realización misma de algún proyecto incomprensiblemente fallido como Cars 2 (John Lasseter y Brad Lewis, 2011), sino también al elegir cuándo producirlo en lo que se refiere a Los Increíbles 2, dirigida por Brad Bird como la original y estrenada este 2018.

Como resulta obvio para quien lo haya podido contemplar, que este filme haya llegado a las salas demasiado tarde no implica que sea una mediocridad impropia del estudio. No parece lógico según la filmografía de Bird, que inició sus coqueteos con el séptimo arte gracias a capítulos de las series televisivas Cuentos asombrosos (Steven Spielberg, Joshua Brand y John Falsey, 1985-1987) y Los Simpson (Matt Groening, James L. Brooks y Sam Simon, desde 1989) y se estrenó en el largo con la muy digna El gigante de hierro (1999), tras la que Pixar le abrió las puertas para la elaboración de la deslumbrante Los Increíbles (2004) y la aún mejor Ratatouille (2007). Luego, por expandir sus horizontes, quiso alejarse un poco de la animación con la aceptable Misión imposible: Protocolo fantasma (2013) y la floja Tomorrowland (2015).

los increíbles 2 brad bird pixar

Los Increíbles 2 supone su regreso a las aventuras animadas de la superheroica familia Parr y, si bien es una obra técnicamente irreprochable, planificada con acierto, con un ritmo y una intriga adecuados y unas cuantas secuencias divertidísimas, sobre todo las centradas en los impredecibles poderes del bebé, Jack-Jack, el estrés supremo de Bob Parr o Mr. Increíble y, otra vez, las ocurrencias y el cómico carácter de la excéntrica Edna Mode, no consigue la inspiración necesaria como para llegar al nivel de cumbres de Pixar como Buscando a Nemo (Andrew Stanton y Lee Unkrich, 2003), WALL·E (Stanton, 2008), Up (Pete Docter y Bob Peterson, 2009) o Toy Story 3 (Unkrich, 2010), y ni tan siquiera al de lo más destacado del propio Bird. Y esto se acentúa por haber decidido llevarla a cabo tardíamente y, así, por el momento en que ha visto la luz. No le ocurre lo mismo, sin embargo, a la otra secuela tardía del estudio, Buscando a Dory (Stanton y Angus MacLane, 2016), porque no es tan de género.

Cuando se lanzó Los Increíbles, allá por noviembre de 2004, no conocíamos muchas aproximaciones humorísticas a la dinámica de los superhéroes fuera de la televisión, y lo que teníamos más cercano en la memoria eran películas como las arruinadas Daredevil y Hulk, la entretenida X-Men 2, el lamento de La Liga de los Hombres Extraordinarios (Mark Steven Johnson, Ang Lee, Bryan Singer, Stephen Norrington, 2003), la estupenda Spider-Man 2 y el desastre de Catwoman (Sam Raimi, Pitof, 2004). Pero, hasta que nos han brindado la secuela sobre los Parr, no solamente Marvel Studios y DC Comics han multiplicado su apuesta cinematográfica superheroica con sus universos de filmes entrelazados, sino que, además, otras productoras han parido películas sobre superhéroes y villanos con el mismo espíritu aventurero e hilarante.

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Ahí tuvimos Hancock (Peter Berg, 2008), las dos partes de Kick-Ass (Matthew Vaughn, Jeff Wadlow, 2010, 2013) y de Deadpool (Tim Miller, David Leitch, 2016, 2018), también de Marvel Studios, muy gamberras; y en animación, Megamind (Tom McGrath, 2010), la trilogía de Gru, mi villano favorito y Los Minions (Pierre Coffin, Chris Renaud, Kyle Balda y Eric Guillon, 2010-2017) o Capitán Calzoncillos (David Soren, 2017). Es decir, si Los Increíbles poseía una frescura en su tratamiento que encandilaba a los espectadores, su continuación catorce años después y con lo que ha llovido desde la primera no encandila, únicamente divierte y agrada. El propio Bird aseguró tiempo atrás que no empezaría la producción de una secuela hasta que contase con una buena historia. Pero una historia que cautive se busca sin descanso, no espera uno a que le caiga del cielo mientras el clima cinematográfico destruye su originalidad. Y esa es la razón por la que Los Increíbles 2, que nos regala un pasatiempo gratísimo de todos modos, ha llegado demasiado tarde.

 

 

 

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