La clave de la vida quizás sea no odiar a nadie y no amar a cualquiera

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Nuestra vida está definida en gran medida por lo que albergamos en nuestro interior, nuestro mundo es una proyección de lo que llevamos dentro y es por ello que si pretendemos estar ligeros y ver de la vida lo mejor, debemos comenzar por filtrar y limpiar cada una de las cosas que guardamos.

El odio es uno de los sentimientos más limitantes, desgastantes y que actúa como una especie de ancla energética, donde no podemos avanzar y las cosas buenas parecen no caber. El odio es voluminoso y pesado y además tiende a expandirse con facilidad. Alguien que sepa odiar, debe trabajar mucho en aprender a amar, porque dichos sentimientos no pueden convivir armoniosamente, aunque se dirijan a focos diferentes.

El odio es un sentimiento característico de personas que han pasado por sentimientos profundos, donde su corazón se rindió y decidió oscurecer toda la luz que le caracteriza. Sin embargo, el odio no debe ser una carga permanente en la vida de nadie. Todos tenemos la capacidad de limpiar nuestros sentimientos de llevar amor a los sitios donde hay dolor, el amor todo lo sana y por aprecio a nosotros mismos, resulta necesario un proceso que nos deslastre y nos libere de cualquier sufrimiento del pasado, al cual le hemos dado la posibilidad de hacernos daño una y otra vez a través del odio.

En cuanto al amor… Si amamos de forma incondicional, pues no son necesarios filtros, solo alinearnos a nuestra naturaleza, que entiende y respeta los procesos de cada quien, que es capaz de reconocerse en el otro y sentirse parte de un todo. Ahora bien si de relacionarnos se trata, de escoger a compañeros de camino, de depositar en alguien nuestras ganas de un futuro juntos, el criterio de selección debe estar más afinado.

El amor debe generar en nuestras vidas paz, entusiasmo, debe ser capaz de hacernos sentir confiados en que contamos con alguien que nos sujetará cuando sea necesario, que nos elegirá una y otra vez, teniendo quizás muchas opciones. El amor debe sumar a nuestras vidas, sin necesidades, sin dependencias, solo tejiendo entre dos una tela que a ambos abrigará.

Si algo debemos ir aprendiendo en el camino de este regalo vida es justamente no guardar odios, ni rencores por nadie, aun cuando sintamos que se lo merezca y seleccionar a nuestros amores escuchando nuestra voz interior, que aunque quizás no lo entendamos en el momento, si le prestamos atención, termina por ubicarnos exactamente con quien debemos estar.

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