La gala Met 2018, una experiencia religiosa en Nueva York

Es una fecha sagrada para el mundo de la moda. El primer lunes de mayo de cada año, las figuras más reconocidas de la alta costura y del espectáculo se dan citan en el Costume Institute Benefit en Nueva York, también conocida como la gala benéfica Met

La esperada edición fue bautizada como Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination (Cuerpos celestiales: Moda y la imaginación católica). Y algunos invitados se lo tomaron literal. Las anfitrionas eran la santísima trinidad fashion: Amal Clooney, Rihanna y Donatella Versace. Y no decepcionaron ni un poco.

Amal Clooney, prácticamente la primera en llegar a la gala, lució un vestido pantalón que en las redes sociales no fue muy celebrado. La abogada llegó acompañada de su marido, el actor George Clooney, pero esta vez la protagonista fue ella.

Esta fiesta, que marca la apertura de la exposición de primavera del Met, tenía un aire apocalíptico que la volvió más interesante todavía. Había especial interés en ver a la diosa Anna Wintour, de 68 años, por los rumores de que dejará Vogue después del número de septiembre. Lució un elegante vestido de tul y pedrería en tonos blancos y plateados de Chanel.

Frances McDormand en la Gala Met 2018

La alfombra roja arrancó tímida en los vestidos que lucían las celebridades, pero a medida que fueron llegando, las caras de sorpresa de los asistentes se hacían más recurrentes. La actriz Frances McDorman fue la que rompió el hielo de lo previsible con un Valentino verde, lo que podría simular el árbol de la vida.

Luego vino Rihanna, con un estilo papal de Maison Margiela, cuajado por completo de perlas, uno de los adornos más utilizados durante el Renacimiento por la realeza.

Cuando parecía que ya se había visto lo realmente impactante, presentó Katy Perry como un ángel. Literal. Se asomaba desde el coche con unas enormes alas y causó los aplausos y algunas risas incómodas, al caminar con su espectacular atuendo. Quizá podría haber hecho como la actriz Blake Lively, que al no caber su Versace en un coche, tuvo que trasladarse al museo en un bus particular. Su impactante vestido fue elaborado en 600 horas de trabajo artesanal.

El cerebro detrás de las prendas en vitrina fue Andrew Bolton. Se trata el curador del espectáculo más grande del museo en función de metros cuadrados y el que logró una asociación con el Vaticano. La gala consiguió por primera vez que casi 50 vestimentas papales se exhibieran fuera de la Ciudad del Vaticano.

Aunque el nivel había sido muy alto, faltaba la reina. Sarah Jessica Parker no se perdió una segunda gala Met consecutiva. La icono de la moda llegó con un vestido Dolce & Gabbanametálico, de tres cuartos de longitud, con bordados dorados y detalles en corazones rojos. Parker es la reina de la moda, pero Maddona, la reina del pop, también hizo su aparición. Como buena diva, fue una de las últimas en llegar. Lució un estilo gótico en un vestido negro complementado con una corona de crucifijos, un velo de red y un ramillete de rosas negras. El atuendo era del diseñador Jean Paul Gaultier, quien llegó como acompañante de la cantante, con un traje de sacerdote.

Antes de ser un homenaje a los diseños de pasarela, esta gala se celebra para recaudar fondos para el Costume Institute del MET. Eso sí, no todos pueden ayudar. Los generosos necesitan una invitación de Wintour, anfitriona desde 1995 y la legendaria editora general de Vogue (cuya casa madre, Condé Nast, patrocina el evento) y la capacidad de desembolsar 25.000 dólares (20.900 euros) para tener derecho a un asiento. No es fácil ser altruista. Aún así asistieron más de 500 personas.

Los presupuestos de las galas anteriores no ayudan a pensar que el evento seguirá siendo lo que es. Cada vez cuesta más dinero realizarlo, pero se consiguen menos donaciones. Puede ser que vuelva a la austeridad de sus inicios, en 1946