Silvina Vega: Pretextos típicos para no cambiar

Cambiar no siempre resulta sencillo. Primero tenemos que tener la conciencia de que algo debe ser cambiado, luego la voluntad de hacerlo, el método o forma de lograrlo y finalmente la perseverancia para alcanzar la meta.

Esto es tan complicado para algunos, que prefieren inventarse pretextos, creer en mitos o contarse mentiras para justificar por qué, queriéndolo tanto, el cambio no es posible.

Hoy en Silvina En Directo vamos a ver estas mentiras que solemos contarnos y a ver si de una vez por todas, ahora sí, ponemos manos a la obra.

¿Y si cambio y me va mal o no me va como yo quiero?

La realidad es que podemos pensar que un cambio nos dará muchas cosas, pero estamos hablando de un cambio, no de milagros. Generalmente nada sale siempre exactamente como tú quieres.

Un cambio es un camino donde puedes hacer altos, retroceder o cambiar de rumbo si ves que no te está llevando por donde quieres. Aquí es donde la tolerancia a la frustración y la incertidumbre hacen su aparición.

Por ejemplo, puedes pensar que un corte de pelo te va a quedar sensacional y que vas a tener más confianza en ti mismo, pero a lo mejor el resultado ni te gusta y crea el efecto contrario.

Mañana sí empiezo a cambiar (o el lunes, o el día primero, o el año que viene…)

La realidad es que ya llevas mucho tiempo esperando a ese “mañana” y lo que en realidad estás creando es un hábito de procrastinar.

Mientras más pospongas un cambio (que es un proceso) por una actividad que te de recompensa inmediata (como quedarte acostado o comer de más), más complicado será hacer el cambio.

Yo no necesito cambiar, pero sí tengo que hacer que los demás cambie.

La realidad es que incluso con el deseo de cambiar, y buscando ayuda profesional, por ejemplo de un terapeuta, el cambio lleva su tiempo y esfuerzo, qué te hace pensar que tú puedes cambiar a alguien que, para empezar, probablemente ni te ha pedido tu ayuda o ni siquiera quiere ese cambio.

Querer hacer cambiar a otro, así creas que es por su propio bien, es arrogante, pretencioso y muy narcisista de tu parte. Si alguien te pide ayuda, condúcelo con quien pueda ayudarle.

Finalmente, de alguna manera tú también contribuyes a esa mala relación o problema, así sea no haciendo nada y quedándote de manera pasiva, sufrida o abnegada en esa situación. Quizá el cambio implique moverte de donde estás, en vez de buscar que todos y todo sean a tu manera.

¿Quién o qué les está arruinando la vida? Escuchen porque es seguro que sea hora de hacer cambios.

¿Para qué cambio si los demás no cambian?

Estar esperando que otros den el primer pasó o que hagan primero cambios antes de cambiar tú, es una de las actitudes más inmaduras y fantasiosas con respecto al cambio que podemos encontrar. Sería mejor que esperaras una alineación planetaria o una señal celestial para empezar a cambiar.

Tú cambias para cambiar no sólo conductas, creencias o actitudes, sino tu forma de mirar tu vida y tus relaciones y tomar decisiones diferentes con relación a ellas. Cuando tú decides cambiar, ya no necesitas que los otros cambien, aunque muy frecuentemente suelen hacerlo.

La teoría de sistemas nos dice que cuando un elemento del sistema cambia, el resto del sistema tiende a cambiar.

 Voy a cambiar cuando toque fondo

Es verdad que muchas personas cambian después de una crisis, pero lamentablemente no suelen ser la mayoría. Cuántos de nosotros, tras un sismo, juramos que ahora sí tendremos lista la mochila de emergencia, una batería de repuesto o un plan familiar que, al final, dejamos de lado hasta el siguiente temblor.

A muchas personas les motiva llevar las cosas al límite por la emoción, la adrenalina y la satisfacción que da salir de una situación complicada, pero esto no genera un cambio y sí forma un patrón adictivo a las situaciones límite desde donde un día puedes resbalar y caer sin salida.

No se necesita que una enfermedad se vuelva terminal para decidirte a ir al médico; de hecho en ese momento ya es demasiado tarde.

Ya estoy muy viejo para cambiar o es demasiado tarde para el cambio

Si sostienes esta creencia es muy posible que la conviertas en realidad; no porque sea verdad, sino porque dejas de intentar el cambio. No digo que todo se puede hacer a cualquier edad con sólo desearlo; lo que sí digo es que hay muchas cosas que puedes hacer a la edad que tienes y que quizá estés renunciando a ellas por mirar las que ya no puedes.

Por otra parte, hay muchas personas que han cometido tantos errores o llegado a tales extremos que creen que es muy tarde para cambiar, que ya no hay reversa, perdón o redención para ellos. La realidad es que nunca es demasiado tarde para arrepentirse, pedir perdón o buscar reparar un daño causado. Incluso si lo hecho o sucedido es irreversible, siempre se puede reparar la relación.

Así soy y ya no puedo cambiar

No somos seres terminados como estatuas que una vez esculpidas se quedan así, pero aún las estatuas se degradan y, con el paso del tiempo, no son las mismas. Somos seres en continuo devenir, por lo que no “somos”, sino que “estamos siendo” y como estamos siendo, siempre podemos ser de otra manera si es lo que realmente queremos

En todo caso, quizá conviene que empieces a pensar que “así has sido hasta ahora”, pero que de aquí en adelante podrás hacer ajustes que te lleven a donde quieres ir y te hagan ser como quieres estar siendo.

El cambio es de todo o nada

Si quieres un cambio de 180° y lo quieres aquí y ahora, seguramente confirmarás que el cambio no es posible. Hay muchas personas que pueden dejar un hábito de la noche a la mañana (felicidades) y hay otras que requieren de un proceso de avances y retrocesos hasta alcanzar el cambio.

Ningún método es mejor que otro; más bien cada uno es para un tipo de personalidad distinto. Si puedes hacer cambios inmediatos y son para bien, estupendo.

Para el resto, lo mejor es que empieces haciendo pequeños cambios graduales que sean manejables y sostenibles por tí mismo. Tienes que estar consciente que el camino no es una línea recta sino un camino de subidas y bajadas donde en vez de caer y rendirte se trata de caer y perseverar hasta que las caídas sean menos pronunciadas y menos frecuentes. Buscamos el cambio y no la perfección.

¿Qué hacemos entonces?

  • Hazte cargo de atender tu ansiedad y evita estresarte tratando de cambiar todo de una vez al mismo tiempo. El cambio es un proceso y lleva tiempo en la mayoría de los casos.
  • Cuestiona tus creencias acerca del cambio. Muchas vienen incluso de tu infancia y hace tiempo caducaron. Somételas a una duda sana e inteligente y busca evidencia que las respalden o las refuten.
  • Paciencia, perseverancia y método suelen ser la clave para cambiar lo que tú quieras cambiar.