¿Pelea en la oficina?

¿Cuántas veces te has molestado con tu compañero de trabajo y te quedaste callado pensando que si expresabas tu enojo, ya no volverías a verlo?

¿Has aplicado la ley del hielo sólo para vengarte y/o cobrarte por lo que te hicieron?

¿Cuántas veces has dejado un trabajo porque estás hasta el gorro y nunca dijiste nada? ¿En la entrevista de salida, mencionaste lo que realmente pasó?

Derecha la flecha

Aceptémoslo: los conflictos en el trabajo suceden, son reales, comunes, frecuentes e incómodos. Dejemos de suponer que siendo “adultos y maduros” vamos a evitar tener diferencias con nuestros compañeros de trabajo.

De acuerdo con Hardvard Bussiness Review, los ejecutivos gastan 8 USD diarios por ignorar problemas importantes al preferir evadir conflictos; por otro lado gastan 8USD por día atendiendo conflictos que no son productivos o importantes. Haz la cuenta… ¡son 16 USD diarios por cada ejecutivo que no atiende de forma asertiva las papas calientes de su área!

En otras palabras, no saber gestionar los conflictos disminuye tu productividad.

¿Qué se pone en juego en un conflicto?

Creer que vamos a perder todo o ganar todo.

Que nuestros valores y nuestra visión del mundo sean cuestionados.

Creer que mi visión y tu visión no pueden convivir en el mismo momento

Suponer que la única forma de resolver el problema es romper la relación

Sentir que no podremos resistir a la presión y el estrés

Percibir que está en juego mi integridad física y emocional, ya que vemos al otro como una amenaza

Darme cuenta que yo también he participado en la situación

Si hablo, arderá Troya

Debido a que el conflicto genera emociones muy intensas, es frecuente que elijamos no hablar, guardarnos y hacer como que no pasa nada por temor a que las cosas se pongan peor.

Algunas de las emociones implicadas son:

Enojo: en sus diferentes matices que van desde molestia hasta furia asesina

Vergüenza: pensamos que es inapropiado estar en desacuerdo en los ambientes laborales

Miedo: el conflicto toca nuestra historia de vida, tal vez lo relacionemos con gritos, insultos o incluso violencia física y tendemos a pensar que esa historia se va a repetir

Tristeza: no vivimos en un mundo color de rosa, estar en desacuerdo nos enfrenta con nuestras imperfecciones y las de nuestros compañeros

¿Qué emociones surgen en ti cuando tienes diferencias con tus compañeros? ¿Esto te impide hablar para aclarar los temas incómodos?

Atender un conflicto sabe a medicina amarga

Atender un conflicto puede ayudarte a tener relaciones más sanas. Aquí te proponemos algunos pasos a seguir:

Prepárate para agarrar al toro por los cuernos. Tu primer apoyo es tu cuerpo, así que estando a solas, coloca bien los pies en el piso, alarga tu columna, relaja los hombros y respira profundamente durante unos minutos.

Aclárate. Identifica que emociones están presentes en ti, qué ha hecho el otro para detonarlas y qué es lo que necesitas pedir.

Sé descriptivo. Acércate a la persona con la cual tienes la molestia y comienza describiendo brevemente lo que te incomoda, menciona qué efectos tiene en ti y en tu trabajo y pide lo que necesitas.

Escucha atentamente. Vuelve a respirar y permítete escuchar lo que el otro tiene que decir. Tal vez ponga excusas, se justifique o te enteres de algo que no sabías de él. Aquí va lo más difícil: trata de ser empático y receptivo y sobre todo no reacciones en automático (no te olvides de seguir respirando)

Genera acuerdos. ¿Cómo podrían hacerlo distinto? ¿Hay otros caminos? ¿A qué se pueden comprometer?

Aprende a ofrecer y a recibir disculpas. Cuando nos disculpamos asumimos la responsabilidad de haber generado malestar a alguien. Y cuando nos abrimos a recibir una disculpa, inmediatamente sentimos alivio.

Por último, cuando le informamos al otro lo que nos sucede con sus acciones, le estamos ofreciendo una oportunidad de reflexionar sobre el impacto de su comportamiento. Esto puede ser un regalo para su desarrollo personal.

Así que la próxima vez que estés en conflicto con alguien de tu trabajo, toma el riesgo de hablar y de escuchar. Puede suceder que el conflicto no se resuelva, pero aprenderemos a atravesarlo, construyendo juntos un puente que nos permita seguir en la relación.