Leslie Almaguer “Con los años, he aprendido a evitar discusiones que no tienen sentido”

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Tal vez sea la madurez, los años o incluso la resignación, pero siempre llega un momento en que nos damos cuenta que hay discusiones que ya no valen la pena. Es entonces cuando preferimos optar por ese silencio que calla y sonríe, pero que nunca otorga, ese que comprende, por fin, que no sirve de nada dar explicaciones a quien no desea entender.

Ahora bien, a pesar de que a menudo se diga aquello de que discutir es un arte donde todos tienen la palabra pero muy pocos el juicio, en realidad, es un problema que va más allá. Las discusiones, a veces, son como una partitura donde la música está desafinada, donde no siempre se escucha y en la que todos desean tener la razón o la voz cantante. En ocasiones, es una práctica agotadora.

Una buena parte de la psicología y de la filosofía nos han enseñado durante mucho tiempo determinadas estrategias para salir airosos en cualquier discusión. Buenos argumentos, el uso de los heurísticos o una adecuada gestión emocional serían sin duda algunos ejemplos de ello, pero...¿Y si lo que buscamos es no iniciar determinadas discusiones que ya damos por perdidas desde el principio?

Te proponemos reflexionar sobre ello.

Discusiones y discursos que ya no tienen importancia para nosotros

La madurez no depende de la edad, sino de llegar a esa etapa personal donde ya no deseamos engañarnos a nosotros mismos, donde luchamos por un equilibrio interno donde cuidar de nuestras palabras, respetar lo que escuchamos y meditar cada aspecto que optamos por callar. Es entonces cuando somos conscientes de qué aspectos merecen nuestro esfuerzo y cuáles nuestra distancia.

Es posible, por ejemplo, que nuestra relación con un familiar cercano fuera compleja hace unos años, tanto, que mantener una simple conversación era como caer sin paracaídas al abismo de la tensión, de las discusiones y los malos ratos. Ahora, sin embargo, todo aquello ha cambiado, y no es porque nuestra relación haya mejorado, sino porque hay una aceptación de  nuestras diferencias. Optamos por un silencio que no otorga, ni se deja vencer, pero que se respeta.

El arte de discutir con inteligencia

Sabemos ya que hay discusiones por las que no vamos a perder la calma ni nuestras energías. Sin embargo, comprendemos también que la vida es negociar casi cada día para poder coexistir en armonía, para mantener esa relación afectiva, para lograr objetivos en nuestro trabajo, e incluso, por qué no, llegar acuerdos con nuestros propios hijos. Las discusiones no están pues exentas en ninguno de estos ámbitos.

Algo así solo puede conseguirse de la siguiente forma:

  • Oír no es lo mismo que escuchar. Ningún diálogo será efectivo si no somos capaces de aplicar una adecuada “escucha” empática.
  • La poderosa habilidad de entender la perspectiva de la otra persona. Es algo que requiere de un gran esfuerzo y de una adecuada voluntad, pero comprender el mensaje y la visión particular de quien tenemos en frente es algo esencial.
  • Debemos evitar ponernos a la defensiva. Aquí entraría una vez más la idea propuesta por Eran Halperin: en el momento en que nos sentimos amenazados la discusión se vuelve agresiva y aparecen los muros personales de cada uno. El entendimiento jamás podrá acontecer.
  • Autocontrol. Es imprescindible desplegar una adecuada gestión de nuestras emociones. Debemos controlar por encima de todo, enemigos como la ira o la rabia. Son bombas de relojería que gustan estar presentes en muchas discusiones.
  • Confianza. Es importante confiar en que finalmente, vamos a comprendernos. Para ello, hay que poner voluntad, ser cercano y respetuoso/a, y hacer uso de términos como “te entiendo”, “sé que eso es verdad”, “es posible”… Todo ello son puertas hacia el entendimiento, pequeños y delicados umbrales hacia ese encuentro donde todos podemos salir ganando.

Porque las discusiones que sí valen la pena son aquellas que nos permiten llegar a acuerdos para coexistir en equilibrio y felicidad.

#Mantra

Todos los mantras gayatri de las deidades tiene la misma construcción.

Comienzan por la sigla sanscrita OM, que representa la creación del universo, continuando con el nombre de la deidad y la palabra Vidmahe, que invoca la inteligencia y dones de la deidad.
Luego decimos otro nombre de la deidad seguido de la palabra Dhimahi, a través de la cual invocamos la sabiduría de la deidad, y luego pedimos la manifestación (Tanno) de la deidad para que ilumine nuestro intelecto (Prachodayat)

Existen varios mantras Gayatris para Ganesha. Aquí les enseño el que viene en la escritura designada por Ganesha Upanishad.

#MomentoZen

Leslie Almaguer comparte contigo un #MomentoZen 🍃

Posted by Mundo 96.5 on Tuesday, October 10, 2017

 

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