James Comey llama a Trump mentiroso

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WASHINGTON.

El exdirector del FBI, James Comey, acusó ayer al gobierno de Donald Trump de mentiras y difamación en un testimonio explosivo para la Casa Blanca sobre la alegada injerencia rusa en la elección de 2016.

En una audiencia de casi tres horas ante la comisión de inteligencia del Senado, Comey reafirmó que Trump le pidió dejar en paz a su exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, quien estaba en la mira de la investigación.

Reconoció que Trump nunca le pidió cerrar toda la investigación sobre Rusia. Sin embargo, indicó que cuando Trump le dijo que dejara tranquilo a Flynn, él interpretó eso como una orden de su Comandante en Jefe.

En su testimonio escrito para el Comité, que fue revelado este miércoles, Comey detalla las escenas en las que mantuvo contacto con el Presidente, incluidos dos episodios en los que, inesperadamente para él, el mandatario se las ingenió para que estuvieran a solas.

Comey consideró “significativo” el hecho de que no quisiera testigos sobre lo que quería abordar con él, y subrayó este hecho ante los senadores.

En uno de esos encuentros cara a cara, Trump pidió “lealtad” al entonces director del FBI y además le solicitó que “dejara estar” la investigación que recaía sobre Flynn.

En virtud de su relato, los senadores preguntaron directamente a Comey si consideraba que el Presidente había incurrido en obstrucción a la Justicia, algo que prefirió dejar en manos del fiscal especial para la investigación sobre Rusia, Robert Mueller.

No creo que me corresponda a mí considerar si la conversación que tuve con el Presidente fue un esfuerzo de obstrucción. Lo tomé como algo muy preocupante, muy perturbador, pero ésa es una conclusión sobre la que estoy seguro que el fiscal especial trabajará”, apuntó.

A inicios de mayo, Trump despidió a Comey alegando que el FBI se encontraba en una situación caótica. “Aunque por ley no precise dar una razón para despedir al director del FBI, el gobierno prefirió difamarme a mí y, más importante, al FBI afirmando que la organización era un desorden, mal conducida, y que los agentes perdieron confianza en su responsable”, se quejó Comey.

Añadió que esas “eran mentiras, lisa y llanamente.” Casi inmediatamente, en la Casa Blanca la portavoz adjunta Sarah Huckabee le respondió enégicamente: “El Presidente no es un mentiroso”.

Comey dijo no tener dudas de que Rusia intervino en las elecciones mediante la invasión de los sistemas informáticos del Comité Nacional del Partido Demócrata. Sin embargo, aseguró que las informaciones que poseía no le permitían afirmar que el resultado de la elección pudo haber sido manipulado.

Cuando anunció el despido de Comey, Trump publicó en Twitter una amenaza para que se mantuviera en silencio, sugiriendo que podría tener grabaciones de las conversaciones entre ambos.

Ayer, Comey dejó en claro que no se intimidó por ese tuit e incluso fue aún más allá: “Yo espero que haya grabaciones”, dijo.

Admitió que, justamente, por esas supuestas grabaciones, Comey decidió pedir ayuda a un amigo para filtrar a la prensa el memorando interno que discutió en el FBI sobre las presiones del Presidente en beneficio de Flynn.

Una acusación de obstrucción a la Justicia puede derivar en un proceso de destitución del Presidente, que llama a recordar el escándalo
Watergate, que acabó forzando la renuncia del expresidente Richard Nixon (1969-1974).

 

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