Federer no entiende de imposibles

Federer exhibe su trofeo al público de Melbourne. PAT SCALA (GETTY )

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Mientras el público de Melbourne brincaba en sus asientos y millones de televidentes se roían las uñas, quienes afrontaron con mayor tranquilidad la apoteósica resolución de la final fueron los protagonistas. “Ivan [Ljubicic, su entrenador] estuvo todo el día nervioso, así que traté de calmarlo, al igual que a mi fisioterapeuta”, decía ayer Roger Federer, en tono distendido, mientras departía con los periodistas en la sala de prensa y el trofeo Norman Brookes descansaba a su lado. Un premio que dista 13 años y 206 días del primero que consiguió el suizo en un Grand Slam, 14 temporadas atrás en Wimbledon (2003). Allí, en Londres, también había alzado el último, hasta que ayer desempolvó los libros de historia en Australia.

“Este es un lugar especial para mí. Aquí jugué con los juniors en 1998 y la fase previa un año después, y aquí gané mi primer partido (2000) contra Michael Chang”, recordaba el de Basilea, repeinado como un galán y ataviado con una camiseta completamente azul, con un detalle de su clave comercial, las siglas RF. Hablaba feliz Federer porque después de mucho tiempo consiguió alterar el curso del destino ante Rafael Nadal, al que no vencía en un gran torneo desde 2007, en Wimbledon, y lo hizo en cinco sets. Se expresaba risueño porque por fin volvió a triunfar en un major, después de haber perdido en las tres últimas finales que había disputado previamente, dos en el All England Tennis Club (2014 y 2015) y otra en el US Open (2015). Y conversaba dichoso porque firmó una proeza tras medio año lejos de las pistas.

“Estoy feliz de ver que todavía puedo hacer esto a mi edad”, reconoció el de Basilea, que en su trayectoria hacia el título apeó del cuadro a cuatro jugadores del top-10 (Tomas Berdych, Kei Nishikori, Stan Wawrinka y Nadal), algo que no ocurría desde 1982, cuando lo obró el sueco Mats Wilander en Roland Garros. Ahora, Federer escalará desde el 17º escalón del ranking mundial al 10º, mientras que Nadal ascenderá desde el noveno al sexto.

Ayer, ambos dieron toda una lección de fair play sobre la pista. Primero compitiendo al máximo nivel y luego en el turno de los parlamentos, con dos discursos un tanto edulcorados, pero cargados de sentimentalismo y buenos deseos para el rival. Después de todo, los dos se profesan un gran respeto y han superado adversidades similares. “Ha sido un gran partido y probablemente Roger se merecía más que yo este título. Bien hecho, enhorabuena. Me alegro mucho por ti. Es increíble cómo has vuelto después de tanto tiempo lesionado”, arrancó Nadal con elegancia.

Nadal , primero la Copa Davis y después Rotterdam

Nada más tomar la palabra, Federer le correspondió en los elogios. “Tu regreso ha sido asombroso. Ninguno de los dos pensábamos que podíamos llegar a esta final y hubiese sido igual de feliz ganándola que perdiendo. Creo que Rafa también se merecía ganar este trofeo. En el tenis no hay empates, pero si los hubiera aceptaría orgulloso compartirlo contigo”, afirmó el ganador de 18 grandes, que incluso fue un poco más allá y pidió abiertamente a Nadal que pase lo que pase no renuncie a su deporte. “Sigue jugando, Rafa, por favor. El tenis te necesita. Sigue haciendo lo que haces”, prolongó Federer, aplaudido a rabiar, como Nadal.

El español perdió, pero ni mucho menos se fue de vacío de Melbourne. Su nivel de juego ha dado un salto cualitativo en este inicio de 2017 y ahora dispone de varias citas por delante para ir creciendo de cara a Roland Garros. A corto plazo, Nadal jugará esta semana la Copa Davis frente a Croacia (del 3 al 5) y después en Rotterdam (del 13 al 19). Posteriormente viajará a Acapulco (del 27 al 4 de marzo) y más tarde disputará la gira norteamericana sobre cemento. “Si mantengo esta línea puedo tener un gran año. Si sigo así llegarán los títulos, así que voy a seguir luchando y trabajando duro para conseguirlo. Me voy con buenas sensaciones”, cerró.

Vía: El País

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